![]() |
![]() |
||||
![]() |
|||||
Tecnología Médica: problemas éticos y necesidad de su evaluación.
Autores: López Arbolay Omar;. González González
Justo L; Rincón Flores Noemí; Piñeiro Martí
Juan Correo electrónico: arbolay@infomed.sld.cu Institución: Hospital “Hermanos
Ameijeiras” Ciudad: La Habana País: Cuba Introducción. Los problemas éticos se presentan
continuamente en la práctica médica y especialmente en relación con
adelantos tecnológicos de carácter diagnóstico y terapéutico. El alto
costo de estos recursos obliga a utilizarlos de manera selectiva y
es entonces cuando surge el conflicto de decidir quiénes deben beneficiarse
con ellos y quiénes no. En los últimos años han
arreciado las críticas por el uso indebido de esas nuevas tecnologías
y las repercusiones que esto tiene sobre la relación entre costos
y beneficios. Metodos. Se realiza una revisión de los fundamentos
teóricos y principios más generales de los problemas éticos inherentes
a la introducción de nuevas tecnologías, así como la necesidad
de su evaluación. Conclusiones. El surgimiento de una nueva tecnología
en salud constituye un dilema ético desde el punto de vista sanitario,
político, cultural y social. Las decisiones sobre las tecnologías
en salud deben ser tomadas sobre la base de los resultados de su evaluación
para lo cual resulta imprescindible la realización de centros especializados
en esta actividad. Introducción. Los problemas éticos se presentan
continuamente en la práctica médica y especialmente en relación con
adelantos tecnológicos de carácter diagnóstico y terapéutico. El alto
costo de estos recursos obliga a utilizarlos de manera selectiva y
es entonces cuando surge el conflicto de decidir quiénes deben beneficiarse
con ellos y quiénes no. En los últimos años han
arreciado las críticas por el uso indebido de esas nuevas tecnologías
y las repercusiones que esto tiene sobre la relación entre costos
y beneficios. Por desgracia, su empleo tiende
a aumentar en forma indiscriminada y, como resultado, a encarecer
la atención de salud. Ante
esta situación, surge la necesidad de analizar la pertinencia de los
nuevos métodos de diagnóstico y tratamiento, las causas del abuso
tecnológico, los aspectos éticos del uso de la tecnología médica e
incluso las relaciones entre tecnología y sociedad(1). La práctica de la medicina
enfrenta al médico continuamente a dilemas de tipo ético. Muchas decisiones
conflictivas obligan al médico a hacer juicios de valor eligiendo
un camino que respete las esperanzas y los deseos del enfermo, pero
también las directivas de los políticos que, de acuerdo con la meta
de salud para todos, favorecen más las inversiones para la sociedad
en su conjunto que para el individuo aislado. Ello implica no solo
una mayor preocupación por la medicina primaria, comunitaria o de
familia sino también cortapisas para el desarrollo
de la tecnología terciaria.
No hay duda que estas restricciones presupuestarias para la
asistencia terciaria, que son la consecuencia de decisiones
tomadas por las autoridades de salud, entran en conflicto con la opinión de amplios sectores de la población que han
ido siguiendo los avances tecnológicos
de la medicina moderna y dan por válidos y legítimos los beneficios
proclamados. Puede tratarse tanto de tratamientos
brillantes, como los trasplantes, como de los diagnósticos obtenidos
por medio de costosas tecnologías,
de las que los ejemplos más ostensibles son las técnicas de
imagenología (TAC, RMN, etc.). A pesar de los indudables éxitos
de estas tecnologías en casos seleccionados, su elevado precio encarece
muchísimo los servicios médicos, sobre todo si su utilización no obedece
a indicaciones precisas y rigurosas. Otro ejemplo reciente es los
nuevos prototipos de instrumental para la cirugía mínimamente invasiva,
entre los que se encuentra el instrumental para la cirugía hipofisaria,
cuyos precios alcanzan cifras muy elevadas y cuya utilización no esta todavía bien definida. Por otra parte, las aspiraciones
del paciente, que desea ser examinado o tratado con la tecnología
más avanzada, coinciden a menudo con las del médico. Por principio
el médico, favorece el desarrollo tecnológico, generalmente en contra
de la voluntad de las administraciones de salud que ven encarecer
la asistencia hasta superar ampliamente todas las previsiones
de inflación y sin que los
beneficios de la contrapartida parezcan aportar una ventaja suficiente.
Los gobiernos se ven a menudo
impotentes para frenar esta invasión tecnológica, cuyos éxitos no
pueden permitirse ignorar por la publicidad que los
acompaña y porque, a veces, incluso parecen involucrar el prestigio
nacional. En el caso de Cuba el gobierno se ocupa por la introducción
de nuevas tecnologías de salud que favorezcan al pueblo, destinando
para ello amplios recursos. En general todo ello ocurre
antes de que se hayan podido realizar análisis adecuados de sus beneficios
en función de los costos. Un ejemplo de esto lo vemos con el instrumental
neuroquirúrgico y en especial el utilizado para la cirugía
de región selar. Las afecciones de la región
selar son frecuentes en la práctica
neuroquirúrgica. Los tumores de
esta región constituyen entre el 10 y el 15% de las neoplasias intracraneales. Fue en 1889 que se extirpó
por primera vez un tumor hipofisario lo
cual se realizó por vía transcraneal. Los
primeros pasos respecto a las vías extracraneales se dan a
partir de 1906 y desde inicio de siglo esta cirugía se ha visto influenciada
por la evolución del conocimiento, la ciencia y la introducción de
nuevas tecnologías las cuales
han revolucionado estos abordajes. Fueron de gran significado el advenimiento
de la era antibiótica, la introducción del monitoreo
fluoroscópico y el microscopio quirúrgico, realizándose este
tipo de cirugía con esta nueva tecnología en nuestro país desde la
década del 60. El continuo avance de la ciencia
y la técnica trajo consigo el desarrollo y perfeccionamiento de las
tecnologías para la cirugía
mínimamente invasiva o endoscópica, irrumpiendo también en el campo neuroquirúrgico y por
lo tanto en la cirugía de región selar.
Ya en la década del 90 se comenzaron a realizar en el mundo las primeras
operaciones para tumores de la región
selar por
métodos endoscópicos, existiendo hoy en
día la controversia y gran diversidad de opiniones con respecto a
la superioridad y eficacia entre los métodos endoscópicos
y los métodos microquirúrgicos. El servicio de Neurocirugía
del Hospital Hermanos Ameijeiras, donde
recientemente se han comenzado a dar los primeros pasos en la utilización
de nuevas tecnologías y de nuevos métodos endoscópicos en la especialidad, cada año realiza la mayor
cifra de operaciones a afecciones selares
en el país. La cirugía mínimamente
invasiva constituida y apoyada por nuevas tecnologías, cuya
aplicación humaniza la agresión quirúrgica
beneficiando social y económicamente a la comunidad, parece constituir
un paso de desarrollo para
solucionar problemas de esta área compleja desde el punto de vista
anatómico y funcional. Teniendo en cuenta que dentro
de las principales funciones de este centro está la de crear, introducir y validar nuevas tecnologías médicas
de avanzada para luego hacerlas extensivas al resto del país, hemos considerado oportuno comenzar a trabajar
en la mencionada línea en busca de elementos que nos ayuden a aclarar
las interrogantes existentes en relación
con la eficacia y efectividad de estos métodos así como, evaluar la utilidad del método neuroendoscópico en la cirugía de región selar, además de su aplicación en cada una de las afecciones
quirúrgicas con vistas a analizar la conveniencia o no de su aplicación
sistemática. Ante esta polémica nos trazamos
como OBJETIVO del presente
trabajo analizar los fundamentos teóricos y principios más
generales de los problemas éticos inherentes
a la introducción de
nuevas tecnologías, así como la necesidad de su evaluación.
Problemas Éticos de la Tecnología Médica. Se entiende por tecnología la aplicación del conocimiento empírico y científico a una finalidad práctica(2).Filosóficamente se conocen por lo menos dos imágenes de la tecnología que limitan su comprensión(3):- imagen intelectualista- imagen artefactualEn la primera, la tecnología se entiende apenas como ciencia aplicada: la tecnología es un conocimiento práctico que se deriva directamente de la ciencia, entendida esta como conocimiento teórico. De las teorías científicas se derivan las tecnologías, aunque por supuesto pueden existir teorías que no generen tecnologías. Una de las consecuencias de este enfoque es desestimular el estudio de la tecnología, en tanto la clave de su comprensión esta en la ciencia, con estudiar esta ultima será suficiente. La imagen ingenua de la tecnología como ciencia aplicada sencillamente no se adecua a todos los hechos.En el enfoque intelectualista la inexorabilidad del desarrollo científico (sucesión de teorías, ideas en la perspectiva más tradicional) genera una lógica de transformaciones tecnológicas también inexorables. Con ello, cualquier consideración sobre los condicionamientos sociales del desarrollo tecnológico y las alternativas éticas que él envuelve quedan fuera de lugar.Mientras tanto la imagen artefactual o instrumentalista aprecia la tecnología como simples herramientas o artefactos(3). Como tales están a disposición de todos y serán sus usos y no ellas mismas susceptibles de un debate social y ético. En virtud de esta imagen comúnmente se acepta que la tecnología puede tener efectos negativos, pero eso seguramente se debe a algo extrínseco a ella, la política social o algo semejante. Con ello la propia tecnología y su pertinencia económica, ética, cultural o ambiental queda fuera de discusión.Es obvio que como mínimo la imagen artefactual reduce considerablemente el ámbito de la evaluación de tecnologías. En el caso mas extremo nos priva de la capacidad de discutir los fines sociales y humanos que deben modelar el desarrollo tecnológico. Esa visión reduccionista de la tecnología impide su análisis critico e ignora los intereses sociales, económicos y políticos de aquellos que diseñan, desarrollan, financian y controlan las tecnologías.Mockus (4) ofrece una alternativa a las imágenes anteriores. En relación con la producción industrial indica que las decisiones que ahí se adoptan dependen cada vez menos del conocimiento empírico y más de los conocimientos científicos. La ciencia se encarga de la exploración racional de lo posible, mientras queda pendiente derivar lo real de lo posible por medio de la selección de la variante óptima. Esa es la tarea de la tecnología, la búsqueda sistemática de lo optimo dentro de un campo de posibilidades. Así la tecnología no se identifica con algunos productos ni tampoco con la ciencia aplicada. Hay decisiones y acciones propiamente tecnológicas influidas por un criterio de optimización afectado de manera inevitable por circunstancias sociales.La tecnología no es un artefacto inocuo, sus relaciones con la sociedad son muy complejas. De un lado no hay duda de que esta sujeta a un cierto determinismo social. La evidencia de que ella es movida por intereses sociales parece un argumento sólido para apoyar la idea de que la tecnología esta socialmente moldeada(5).Las consecuencias políticas y sociales de la energía nuclear, las telecomunicaciones, los avances médicos, son, entre muchos, ejemplos del notable impacto social de la tecnología en los estilos de vida, las relaciones interpersonales, los valores, las relaciones de poder, etc.En la civilización tecnológica que vivimos, la tecnología es una red que abarca los más diversos sectores de la actividad humana, un modo de vivir, de comunicarse, de pensar, un conjunto de condiciones por las cuales el hombre es dominado ampliamente, mucho más que tenerlas a su disposición.La denominación de Tecnologías en Salud se refirió inicialmente a los medicamentos, a los equipos y dispositivos médicos, a los procedimientos médicos y quirúrgicos, y a los modelos organizativos y sistemas de apoyo necesarios para su empleo en la atención a los pacientes(2). Desde que fue formulada esta definición se ha ampliado hasta la actualidad donde se incluyen todas las tecnologías que se aplican en la atención a las personas (sanas o enfermas) y resaltar la importancia de las habilidades personales y el conocimiento necesario para su uso, algo no suficientemente explícito en la definición anterior. En ciertos casos se han incluido también las aplicadas a la atención del medio ambiente cuando su relación con la salud humana esta demostrada.Relevancia
de la Tecnología. El encarecimiento constante
de los servicios médicos obligará, sin dudas, al desarrollo de auditorías
para investigar el empleo de estas técnicas, tanto diagnósticas como
terapéuticas y su relevancia en el manejo del paciente. Esta relevancia
puede tener un significado distinto de un país a otro. A menudo la
alta tecnología se importa de otra nación más desarrollada y se utiliza
sin tener en cuenta las características locales en cuanto a la organización
del personal, tanto facultativo como técnico, o simplemente en cuanto
a su economía. De modo que no es de extrañar que haya dificultades
de mantenimiento, que los resultados no sean enteramente satisfactorios
ni comparables a los obtenidos en el país de origen y que la consecuencia
sea el despilfarro de recursos. La
influencia sensacionalista de los medios de comunicación, cuya información
dista mucho de ser objetiva, suele
impulsar al publico a exigir el uso de estas tecnologías “salvadoras”
en las que tienen puesta esperanzas muchas veces infundadas. Con demasiada
frecuencia los resultados no ofrecen sino una calidad de vida precaria
y desdichada. Todo ello hace crecer considerablemente un mercado incontrolable
claramente dirigido hacia el desarrollo de tecnologías costosas que
luego se promocionan mediante técnicas
de mercado semejantes a las que se emplean usualmente para los bienes
de consumo más corrientes. A menudo estos avances tecnológicos no
se ven acompañados por el desarrollo de personal capacitado para conseguir
el rendimiento elevado que prometen. Cualquier comparación de costos
de aparatos de Rx, Ultrasonidos, Endoscopios,
etc. revela que cada año los precios aumentan en proporción muy superior
al costo de la vida. La situación es más grave en los países en los
que prevalece una población anciana a la que hay que dedicar cada
vez más recursos(1). Todo ello contrasta con el hecho de que en individuos
asintomáticos, el número de
pruebas que se requieren para un examen médico periódico es relativamente
pequeño, y desde luego, sin necesidad de costosos aparatos. Abuso tecnológico En estos últimos años han abundado las protestas debido al mal empleo de pruebas diagnósticas por parte de los médicos y no solo en relación con la alta tecnología. Un examen de rutina mal indicado en un número elevado de pacientes puede acarrear pérdidas costosas como la de una prueba diagnóstica sofisticada mal empleada en unos pocos casos. Un estudio reciente llevado a cabo en los Estados Unidos en el que se analiza la utilidad de una serie de pruebas diagnósticas pre operatorias, indicó que de los 6200 análisis prácticados a 2000 pacientes, más del 60 % no se justifican por la historia clínica del enfermo o por su exploración física(1). En otra auditoría de carácter multicéntrico del mismo país, se demostró que 17 % de las endoscopías digestivas realizadas no tenían indicación precisa y en otros estudios similares se han señalado cifras aún mas elevadas. Quizás más preocupante sea el descubrimiento de que el 17 % de una serie de 1677 angiografías coronarias no contaban con una indicación clara(6). Es lógico pensar que si estas cifras corresponden a datos obtenidos en hospitales de prestigio de los Estados Unidos y otros países, las diferencias serán todavía mayores en el ámbito de una práctica privada, donde se ejerce mucho menos control. Tanto radiólogos como analistas se quejan de aumento progresivo de peticiones de análisis y diagnósticos, muchos de ellos aparentemente injustificados. Por otra parte, en varias reuniones interhospitalarias sobre estos temas se han podido comprobar que el empleo de pruebas diagnósticas para el manejo de pacientes con una misma enfermedad varía mucho de un centro a otro(7). Los problemas que se plantean por el uso indebido de tecnologías diagnósticas son de diversos tipos(8): Utilización de pruebas cuando ninguna de ellas esta justificada. - Excesivo número de pruebas, varias de las cuales son superfluas.- Empleo de pruebas de escaso rendimiento cuando hay otras disponibles para el mismo fin que son más eficaces y menos costosas.La conclusión inevitable es
que muchos facultativos ignoran la utilidad real de las pruebas que
indican en comparación con otras, sea en relación con su posible valor en distintas circunstancias clínicas o
bien con respecto a su costo(8). Causas
del Abuso Tecnológico. Constituye un grave problema
el hecho de que estas tecnologías puedan invadir el mercado sin haber
sido sometidas a un escrutinio cuidadoso, tanto respecto a los riesgos
que conllevan como a sus beneficios y superioridad sobre otros procedimientos
empleados habitualmente. Ello ha sido evidente en el caso de la cirugía
endoscópica cuyos beneficios han motivado la controversia
durante años y en el de los transplantes de corazón e hígado que,
solo ahora después de bastantes años de tentativas parecen aportar
resultados esperanzadores. Esta falta de datos precisos
en la evaluación de resultados no hace sino ocasionar grandes dudas
a la hora de tomar decisiones sobre la conveniencia de la intervención.
Una consecuencia común es el exceso en su utilización ya que en caso
de dudas lo normal no es la abstención sino su empleo, especialmente
si este conlleva un beneficio económico para el que lo práctica. John
Farrar(9) ha analizado
las motivaciones de los médicos en el uso de nuevas tecnologías. Sus
razones pueden variar, desde un noble deseo de ayudar al paciente
hasta su posible afán de lucro pasando por la reafirmación del prestigio del facultativo en su entorno
académico y hospitalario, la fascinación o placer de realizar un nuevo
procedimiento o el simple afán de cubrirse contra una posible acción
legal. Tecnología
y Sociedad. El presidente del Colegio Real
de Médicos del Reino Unido ha clasificado los avances tecnológicos médicos en tres categorías(10):
-
Los que permiten la curación de enfermedades a un costo moderado.
-
Los que facilitan la prevención de enfermedades y promoción de salud con poco
dispendio.
-
Los que permiten mantener la salud y una calidad de vida razonable, pero que para
su éxito requieren considerables recursos tanto materiales como humanos. De cara a la sociedad, son
evidentemente estos últimos los que crean problemas, ya que los factores
económicos son los que decidirán a la larga si el advenimiento de
una nueva tecnología debe o no tener una repercusión inmediata en
una comunidad, ya sea facilitando, limitando o rechazando su uso.
De cierto modo ello implica una racionalización de los recursos de
salud que no por ser más o menos indirecto es menos real. El hecho
de que una técnica esté disponible no indica necesariamente que deba
ser aplicada, especialmente si los recursos son escasos y obligan
a su utilización restringida. Esto ocurre con los transplantes de
órganos únicos (corazón, hígado) cuya extraordinaria proliferación
puede desbordar todos los presupuestos de asistencia y dificultar
los programas de interés más general. A pesar de estas objeciones
la alta tecnología, incluida la cirugía de transplantes y la cirugía
endoscópica, constituyen una modalidad de la medicina que
no por discutida esta menos firmemente arraigada en el seno de la
sociedad. Se hace muy difícil, y casi imposible, averiguar con exactitud
sus costos y beneficios porque los análisis necesarios son sumamente
complejos debido al número extraordinario de variables cuyo manejo
se presta a interpretaciones muy distintas(8). El equilibrio entre promoción
absolutamente necesaria de los avances técnicos y la hipoteca económica
que estos pueden representar no es fácil de conseguir en una sociedad habituada a renovar por obsoletas
otras tecnologías de uso corriente (radiofonía, electrodomésticos,
informática). La sociedad o sus representantes deben exigir que la introducción
de nuevas tecnologías se acompañe desde un principio de una evaluación
sistemática de su correcta aplicación y de sus beneficios(1). De esta manera se evitarán,
por lo menos en parte, muchos de los problemas actuales, especialmente
en las naciones en desarrollo que se ven forzadas adoptar intervenciones
de alta tecnologías para impedir que los pacientes se dirijan a otros
países, a veces innecesariamente, para conseguir remedio a sus dolencias. Aspectos
éticos de la Tecnología Médica. Aunque muchas de las consideraciones
reseñadas sobre el efecto de la tecnología en la asistencia médica
no pueden ser objeto de ningún análisis ético cuantitativo es necesario
responder a los siguientes cuestionamientos(11):
-
¿Se justifica el uso de una nueva tecnología de acuerdo con su precio, calidad de rendimiento y eficacia?
-
¿Hay personal suficientemente capacitado para su buen
uso?
-
¿Supera la nueva técnica las que ya están en uso y
supone ventajas económicas?
-
¿Mejora la calidad de vida de los pacientes en los
que se va a utilizar?
-
¿Podrá ser utilizada por la población general o estará
reservada para unos pocos privilegiados?
-
¿Se han identificado los riesgos de su aplicación a
corto y a largo plazo?
-
¿Existe algún análisis sobre opciones alternativas
que pudieran constituir una mejor versión? Si bien los costos y beneficios
de las nuevas tecnologías han
sido discutidos ampliamente en estos últimos años, se ha dedicado
mucho menos atención a su aparición
y mecanismos de aceptación en la práctica médica. ¿ Qué tipo de estudio es necesario
para darles el visto bueno? ¿ Qué tipo de consentimiento
debe obtenerse del paciente en quien se aplicará una nueva tecnología? ¿Tienen los médicos una obligación
especial de informar a los pacientes de que los beneficios de la nueva
tecnología son todavía inciertos? Estas son preguntas que requieren
respuestas claras(12). Cada día se generaliza más la opinión de que la introducción
de nuevas tecnologías tiene carácter de investigación y que debe por
lo tanto, estar sometida a
controles similares a los que se utilizan para la evaluación de nuevos
medicamentos. Los Estados Unidos han sido los pioneros en estas evaluaciones,
de los que se han publicado varios informes. Evidentemente el problema
básico está en decidir si la modificación de una técnica establecida
debe considerarse como investigacional o
no, situación que puede diferir de un hospital a otro. La respuesta
reside en una revisión cuidadosa de las circunstancias del ámbito
local por parte de comité de ética organizado en la institución en
donde se presenta el problema y que tiene como misión, en este caso,
asegurar de que en dicha institución no se vaya a emplear una técnica
que no haya sido evaluada previamente(13). Se ha discutido mucho sobre
la distinción entre el advenimiento de técnicas que podríamos llamar
inéditas, es decir que se ensayan
por primera vez, y la introducción de técnicas nuevas en el centro
hospitalario(1). En el primer caso se trata de una investigación
que debe atenerse a los controles que define la declaración
de Helsinki, toda tecnología inédita debe someterse a estudios comparativos
frente a la tecnología de uso para evitar que su rápida introducción
en la práctica, aceptación táctica y diseminación impidan más tarde
una evaluación objetiva. Se plantea que cuando una técnica
de iniciación reciente se adopta en un centro hospitalario, el comité
de ética médica del centro debe proceder a evaluarla para sentar las
bases de una auditoría que garantice que hay personal
capacitado para el manejo de dicha técnica, y que se obtendrá el consentimiento
de los pacientes antes de ser sometidos a la misma. También se ha
prestado especial interés y atención a la necesidad de ensayos en
voluntarios en las fases iniciales
de adopción de una nueva técnica, en especial mediante el reclutamiento
de estudiantes (medicina, enfermeras, etc.) para este fin. El empleo de métodos coercitivos
o que impliquen una remuneración académica está claramente proscritos(1). Por último se ha considerado
que la introducción de nuevas tecnologías
tiene implicaciones para la industria, de modo que esta debe
asegurarse de una evaluación apropiada de la tecnología que se introduce,
a través de centros seleccionados o de sociedades médicas. En ningún
caso debe influir en la publicación de los resultados de estas evaluaciones.
La evaluación de las tecnologías en salud.Tradicionalmente, la mayor
parte de las decisiones sobre las tecnologías en salud (un dispositivo,
un programa de computación, un equipo, un procedimiento, una determinada
forma de proporcionar los cuidados) han sido tomadas por los profesionales
de salud y, en particular, por los médicos. La mayoría de las veces,
tales decisiones requerirán información sobre si una nueva tecnología
es efectiva en aquello para lo que había sido diseñada y si
su uso produce efectos inesperados. Hasta bien avanzado el
siglo veinte esa información se obtenía, en gran medida, mediante
la observación empírica. En estas últimas décadas, ensayos
clínicos rigurosos comenzaron a ser diseñados para establecer la eficacia
de determinados tratamientos. Más recientemente, el grupo
de los que “necesitan saber” se ha ampliado y diversificado. Además
de los proveedores de servicios, ese grupo incluye hoy día legisladores,
funcionarios gubernamentales, administradores sanitarios, investigadores,
ingenieros, biomédicos, gerentes de las industrias farmacéuticas y
de equipos médicos, pacientes y familiares. La naturaleza de la
información requerida se ha ampliado también. Además del conocimiento
sobre la seguridad, el riesgo y la eficacia de las tecnologías de
salud, se requiere información sobre la efectividad, las implicaciones
económicas, la calidad de vida asociada a su uso y las implicaciones
éticas, culturales y sociales de difusión. Es decir, se está pasando
de una evaluación principalmente basada en las necesidades de los
productores de las tecnologías de salud a otra que sitúe en primer
plano las necesidades individuales y colectivas de los usuarios de
las tecnologías de salud. Evaluación sobre
el resultado de las intervenciones clínicas ha existido desde la antigüedad.
El primer ensayo clínico registrado (para el tratamiento para el Escorbuto)
data del siglo XVIII(2). Los ensayos clínicos se fueron generalizando
durante los años 60 del presente siglo como un requerimiento previo
a la comercialización de los medicamentos y de algunos productos sanitarios.
Tras la creación, en 1931, de la Food and
Drug Administation, la evaluación de las
tecnologías en salud propiamente dichas experimenta un fuerte impulsó
en la década de los 70 con el establecimiento de la Office of
Technology Assessment por el Congreso
de los Estados Unidos. Esa fue la primera agencia pública creada con
el específico propósito de generar información en este campo. Su primer
informe se publicó en 1976(2). Por su parte, la evaluación
de las tecnologías de salud es la “forma integral de investigar las consecuencias técnicas (casi
siempre clínicas), económicas y sociales de las tecnologías de salud
tanto en corto como en largo plazo, así como sus efectos directos
e indirectos, deseados y no deseados”.
Evaluar una tecnología sanitaria permite presentar información
sobre las alternativas para los pacientes, clínicos y otros, y a menudo
proporciona elementos que orientan la toma de decisiones estratégicas
relacionadas con la cobertura del aseguramiento sanitario o la asignación
de recursos, incluida la adquisición de equipos. Sin embargo, con frecuencia
las tecnologías de salud tienden a identificarse solo con el equipamiento,
específicamente con equipamientos caros, complejos y/o de tecnología
avanzada, reduciéndose su evaluación a los procedimientos de registro
y autorización previos a su uso o a las labores de mantenimiento y
supervisión durante su vida útil. Y aunque la mayoría de los conceptos
básicos de la evaluación de las tecnologías de salud están extendidos
desde hace tiempo en la evaluación de medicamentos (y, a veces, de
procedimientos de radiología y de laboratorio) no ocurre así en el
resto de los campos incluidos en los acápites anteriores. En ocasiones, la evaluación
de las tecnologías de salud ha tendido a confundirse con la investigación.
Al respecto es preciso recordar que la investigación básica busca
producir conocimientos nuevos sobre los procesos fisiológicos normales
o patológicos, y que la investigación aplicada usa los resultados
procedentes de la investigación básica y de otras fuentes para diseñar
soluciones nuevas a problemas de prevención, tratamiento, curación
o rehabilitación. Por su parte, la evaluación
de tecnologías de salud se concibe cada vez más como un proceso de
análisis dirigido a estimar el valor y la contribución relativa de
cada tecnología sanitaria, a la mejora de la salud individual y colectiva teniendo en cuenta su impacto económico y social.
Es decir, la evaluación de las tecnologías de salud no es una disciplina
especulativa o puramente académica sino un proceso interdisciplinario
sistemático cuyo objetivo es el cambio(2). Un rasgo fundamental es que
las evaluaciones de las tecnologías sanitarias se realizan para orientar
la toma de decisiones de los clínicos, los pacientes, los financiadores
y aseguradores, los planificadores, los administradores de servicios,
los directores políticos, etc.. Para ello, se basan en las investigaciones
básicas y aplicadas disponibles y en la opinión contrastada de especialistas,
y las contextualizan en términos de coste, oportunidad, efectividad
y aceptabilidad. En este sentido adquiere más relevancia considerar
no solo los beneficios, riesgos y costos de las tecnologías de salud
para quienes hoy las reciben sino también para quienes necesitándolas
no las reciben. Como el propósito de la evaluación
de las tecnologías de salud no es “el conocimiento por el conocimiento”
sino “favorecer el cambio”, las estrategias de diseminación de resultados
y el análisis de los factores que favorecen o dificultan la adopción
de las conclusiones y recomendaciones,
forman parte integrante del trabajo de quienes se dedican a
la evaluación de las tecnologías de salud. Tomando en consideración
lo anterior estimamos procedente que se tengan en cuenta algunos conceptos
que son básicos en la evaluación de las tecnologías de salud, tales
como (2):
-
Seguridad: el o los efectos esperados por el uso de
la tecnología de salud sobrepasan ampliamente los riesgos probables.
-
Eficacia: el o los efectos esperados se obtienen de
la forma esperada en condiciones ideales.
-
Efectividad: el o los efectos esperados se obtienen
de la forma esperada en las condiciones prácticas de aplicación de
la tecnología de salud.
-
Análisis costo – efectividad: relaciona la efectividad
de varias tecnologías de salud (por ejemplo expresada en número de
vidas salvadas o número de días libres de enfermedad) con los costos
(expresados en unidades monetarias).
-
Utilidad: relaciona los costos de la tecnología de
salud con la supervivencia ajustada a la calidad de vida.
-
Análisis costo – utilidad: una tecnología de salud
es útil si la calidad de vida (medida en términos objetivos y o subjetivos)
mejora gracias a su aplicación. ¿Por qué es importante la evaluación de tecnologías de
salud? Durante los últimos quince
años el interés por la evaluación de tecnologías de salud ha ido aumentando
en los países desarrollados por el efecto de una o varias de las siguientes
razones(2):
-
Un conocimiento cada vez más preciso de la variabilidad
de la práctica clínica, causada por diversas razones (por ejemplo,
diversidad clínico epidemiológica, incertidumbre, aceptabilidad, diferencias en el entrenamiento y/o en los incentivos,
etc. ) que pueden inducir pautas de conductas poco uniformes, y posiblemente
inapropiadas en ciertos casos, por parte de los profesionales por
ejemplo, la tasa de uso de un determinado procedimiento quirúrgico
o farmacológico en dos provincias de un mismo país, o dos ciudades
del mismo estado, puede oscilar, siendo
idéntico el modelo de organización de los servicios y la formación
de los profesionales.
-
La constatación de los elevados niveles de incertidumbre
sobre el efecto real de muchas de las intervenciones diagnósticas
y terapéuticas más extendidas sobre la salud individual y colectiva,
y en particular sobre la disminución del sufrimiento, la mejora de
la calidad de vida o la prolongación de esta.
-
La rapidez en la introducción de nuevas tecnologías,
pues el ritmo de producción de nuevas posibilidades de diagnóstico
y terapéuticas es tan alto, y la presión de los intereses, dígase
industria, potenciales usuarios, etc., es tan fuerte que, a menudo,
las novedades son introducidas para su uso generalizado mucho antes
que sea posible evaluar rigurosamente su impacto clínico real, sus
consecuencias éticas y su impacto económico y social.
-
El carácter poco sustitutivo y a menudo complementario
de muchas tecnologías nuevas, particularmente
diagnósticas, respecto a las
antiguas, con sus consecuencias tanto en el trato a los pacientes
(incremento del intervencionismo, tendencia a la deshumanización)
como en el costo de cada proceso,
lo cual, combinado con la tendencia al aumento de los procesos atendidos
por el envejecimiento de la población, explicaría en gran medida el
crecimiento del gasto en salud de muchos países. Lo anterior ha conducido a la sociedad a preocuparse minuciosamente
por estos temas, y a los poderes
públicos a dotarse de instrumentos para conocer el grado de utilidad
individual y colectiva de las
tecnologías sanitarias disponibles, su costo, las condiciones en que
deberían ser introducidas y aquellas en que su uso se considera apropiado.
Así pues, cada vez hay más conciencia de que no todo lo técnicamente
posible (es decir seguro y eficaz) es útil (es decir, efectivo y eficiente)
a la hora de generar mejoras en el estado de salud individual y colectivo.
Y, también, que para controlar los costos sin reducir arbitrariamente
el acceso a los cuidados de salud habremos de conocer mucho más acerca
de la seguridad, efectividad y uso apropiado de medicamentos, pruebas
y procedimientos. ¿Qué
y cómo se evalúa? La evaluación de las tecnologías
de salud considera básicamente:
-
Seguridad.
-
Eficacia.
-
Efectividad.
-
Utilidad.
-
Impacto Económico.
-
Consecuencias organizativas.
-
Implicaciones éticas.
-
Impacto social. El método más generalmente
empleado para evaluar una tecnología, y primer paso para todos los
demás, es la consolidación
de la mejor evidencia disponible. Para ello se precisa recolectar,
analizar y sintetizar información de la mejor calidad. La información
puede ser tanto primaria, contenida en registros sistemáticos y en base
de datos, como secundaria, contenida en trabajos originales o de revisión.
En la información primaria
se destaca la proporcionada por las estadísticas demográficas y epidemiológicas,
los sistemas de vigilancia y alerta, los registros de las altas hospitalarias
y de ciertas enfermedades o condiciones clínicas. En la información
secundaria contenida en trabajos originales se destaca
la proporcionada por estudios observacionales
de tipo descriptivo (por ejemplo series de casos o encuestas de incidencia
o prevalencia) o analíticos
(por ejemplo, los estudios de cohortes y de casos y controles), así
como la proporcionada por estudios experimentales, particularmente
los ensayos clínicos controlados. Adicionalmente, aumenta la publicación
de revisiones sistemáticas en revistas con sistemas de control de
calidad de publicación, y existe un volumen creciente de “literatura gris” relevante (por ejemplo, la
producida por las agencias y grupos que se dedican a la evaluación
de las tecnologías de salud). Para
mejorar la calidad de la información se han elaborado estrategias
de búsqueda que permiten eliminar o minimizar los posibles sesgos
de las distintas bases de datos. Y para valorar la calidad y, en consecuencia,
el peso de la información obtenida se han propuesto distintas escalas
de ponderación. Además
del método anterior existen otros más específicos como son:
-
Las distintas modalidades del
juicio de expertos (por ejemplo, la técnica del grupo nominal las
conferencias de consenso, etc.).
-
Las distintas modalidades de
evaluación socioeconómica y, la construcción de modelos y la simulación
matemática.
-
La aplicación de los principios
de la bioética y las demás normas y convenios internacionales que
sean pertinentes. En
general, todos ellos se basan y complementan los resultados proporcionados
por la revisión sistemática de la literatura y la síntesis de la mejor
evidencia disponible(2). ¿Cuándo se evalúa? Una tecnología sanitaria, o nueva aplicación de
una tecnología ya existente, puede
ser evaluada en cualquiera de las fases de su ciclo de vida(2), es
decir, en fase experimental, de implantación inicial,
de generalización, y de declive. En
fase experimental priman
los estudios referidos a seguridad y eficacia en un sentido estricto.
Es una fase protagonizada por investigadores y en ella no suelen actuar
los grupos e instituciones que se dedican a la evaluación de tecnologías
de salud. Sus resultados son condición necesaria para pasar a fases
posteriores. En
la fase de implantación importa
conocer la efectividad, la utilidad clínica y los impactos organizativos
previsibles. No es un ámbito experimental sino de “ensayo clínico”,
en condiciones que deben estar rigurosamente establecidas desde los
puntos de vista científico, ético,
legal y administrativo. En esta fase es cuando suelen comenzar a actuar
los organismos y grupos encargados de la evaluación de la tecnología
de salud. Superada
la fase de implantación procede establecer el ámbito de aplicación
de la tecnología, sus condiciones de difusión y los mecanismos de
seguimiento a medio y a largo plazo de sus efectos esperados y no
esperados. Es lo que se denomina fase de generalización,
la cual ha de proporcionar información sobre cuánto tiempo ha
de seguir siendo utilizada dicha tecnología y, sobre todo, como lo
esta siendo en cada caso individual. Es una fase que entra directamente
en el campo de acción de las organizaciones y grupos dedicados a la
evaluación de las tecnologías de salud. Por
último, en la fase de declive
se trata de evaluar si ha llegado ya el
momento en que la tecnología en cuestión, o una de sus aplicaciones,
es sustituible con ventaja por una o varias tecnologías nuevas. ¿Para qué se evalúa? Las agencias y grupos dedicados a la evaluación de las tecnologías de salud tratan normalmente de responder preguntas formuladas por uno o varios de los actores del sector. Menos veces, las evaluaciones se realizan por la preocupación de dichos grupos acerca de un problema relevante o que cause alarma social. Los productos de la evaluación de las tecnologías de salud son informes de evaluación que concluyen con una o varias conclusiones y una o varias recomendaciones. Frecuentemente, dichos informes pueden inducir a la elaboración de protocolos de actuación o de guías de práctica clínica. En relación con las nuevas tecnologías de salud, la evaluación de las mismas pretende orientar a tomadores de decisiones para que adopten decisiones racionales respecto a tres cuestiones principales: - aprobación para el acceso al mercado. - aprobación para su inclusión entre las prestaciones financiadas con fondos públicos, y, si es el caso, - diseminación adecuada dentro del sistema sanitario. En relación a las tecnologías de salud ya existentes, la evaluación de estas pretende orientar la toma de decisiones racional para tres aspectos principales: - la retirada de la financiación a tecnologías que se demuestran ineficientes, - la generalización de nuevas aplicaciones de tecnologías ya existentes en el interior del sistema sanitario publico y, - la retirada de la tecnología o la supresión de una de sus indicaciones del mercado. Aunque no suele ser habitual que las autoridades sanitarias tengan la facultad de retirar del mercado procedimientos diagnósticos y terapéuticos solo porque sean ineficientes, sí pueden transformar dichas tecnologías en obsoletas publicando su ineficiencia (por ejemplo, el número de histerectomías prácticadas se ha reducido considerablemente allí donde, no habiendo otros factores inductores, un cuadro de indicaciones más restrictivas ha sido difundido adecuadamente y suficientemente). Pero lo que las autoridades sanitarias sí pueden hacer, es retirar la financiación pública a tecnologías obsoletas o no suficientemente probadas en beneficio de otras que reúnan los requisitos adecuados. Por último, no por ello menos importante, es el hecho de que los resultados de las evaluaciones se dirijan a pacientes, familiares y público con la pretensión de orientar tanto el uso adecuado de las tecnologías de salud ya existentes como de proporcionar información veraz y asequible, capaz de clarificar debates públicos sobre las implicaciones de tecnologías de salud emergentes. ¿Quiénes
pueden beneficiarse con los
resultados? Dentro
del sistema sanitario, los resultados de la evaluación de las tecnologías
de salud se dirigen, básicamente, a tres niveles y a cuatro tipos
de actores principales(2). Los niveles son:
-
El macro: rectoría, regulación, financiación pública
y evaluación global de sistemas y servicios.
-
El meso: aseguramiento sanitario y/o la gestión de
redes y de grandes unidades de provisión.
-
El micro: práctica
clínica y autocuidado de individuos, familias
y comunidades. Los actores principales son:
-
Las autoridades sanitarias.
-
Los gerentes y tomadores de decisiones.
-
Los profesionales sanitarios
-
Los pacientes y sus familias En el nivel macro, la evaluación
de las tecnologías afecta decisivamente a los ámbitos de la regulación
y la financiación. En efecto, a las autoridades sanitarias corresponde,
en una u otra medida, tomar decisiones que afectan:
-
al registro, autorización y aprobación de las condiciones
básicas de uso de las tecnologías sanitarias (lo que fundamentalmente
incide en los medicamentos
y productos sanitarios),
-
a la inclusión o no de dichas tecnologías en la cobertura
del aseguramiento sanitario públicamente financiado, |