Primer Congreso Virtual Iberoamericano de Neurología  Barra de Navegación

Evaluación del deterioro cognitivo en sujetos con déficits sensomotores

Mª Victoria Perea

Dpto. de Psicología Básica, Psicobiología y Metodología.
Facultad de Psicología. Universidad de Salamanca.

 

Correspondencia:
Mª Victoria Perea Bartolomé
Facultad de Psicología.
Avda. de la Merced 109-131
37005 Salamanca
Telf.: 923-294610
E-mail:
vperea@ gugu.usal.es

 

La naturaleza de la evaluación neuropsicológica, hace que un profesional competente deba poseer habilidades de entrevista, capacidad para la apreciación de variables sociales y culturales y el adiestramiento de un psicólogo clínico; la sofisticación estadística y familiaridad con los tests de un psicómetra; y un amplio entendimiento comprensivo del sistema nervioso humano y sus patologías, al menos a un nivel comparable al de un médico general (Lezak, 1995).

 

La evaluación neuropsicológica entendida como "acto o instancia de evaluar" las funciones cognitivas de un sujeto, adquiere utilidad cuando se aplica bajo el enfoque del estudio completo de las funciones superiores. Sin embargo, esto no excluye la necesidad de una aproximación analítica y precisa a cada función, o aún más a cada componente de la función psicológica.

La tarea neuropsicológica que debe centrarse en la confirmación del deterioro sospechado, la definición del grado de deterioro y la diferenciación entre lesiones focales y difusas, debe permitir a su vez la aplicación de los resultados obtenidos en diferentes controles evolutivos.

En determinados sujetos con características especiales -como es el caso de sujetos con déficit motor y/o sensitivo- la evaluación neuropsicológica debe contemplar las posibles deficiencias, adaptándose aún más a cada paciente y a pesar del rigor metodológico que se debe seguir en toda evaluación, la aplicación de los protocolos deberá adaptarse a cada caso. Así la exploración variará dependiendo de lo que se pretenda de ella y de la situación concreta del paciente. En este sentido, hemos de considerar que algunos aspectos de la evaluación neuropsicológica se relacionan específicamente con la función neurológica -tono muscular, reflejos, sensibilidad, percepción, etc.- que puede estar afectada. Las discapacidades residuales a menudo incluyen problemas motores y perceptivos que deben ser contemplados.

En el caso de sujetos con déficits sensitivo y/o motor, la evaluación requerirá de una pertinente selección de pruebas y una delicada interpretación de los resultados. Será preciso conocer cual es la disfunción concreta y si el sujeto es consciente del déficit. La evaluación, debe cubrir además de los aspectos cognitivos, aspectos sociales y afectivo-emocionales.

Hemos de tener en cuenta además que los tests psicológicos por sí mismos rara vez son suficientemente discriminativos para poder establecer un diagnóstico en ausencia de otros hallazgos clínicos confirmativos y que han de ser considerados como un elemento de ayuda más. Los instrumentos de medida deben ajustarse a una evaluación individualizada y minuciosa, ser fáciles de aplicar, flexibles y adecuarse a las características patológicas especiales de cada caso, así como a las variables sociales y culturales.

Antes de realizar una evaluación cognitiva se debe establecer la dominancia hemisférica del sujeto; evaluar la capacidad motora general; la capacidad para manipular y utilizar objetos; el control visual; la capacidad auditiva; el coeficiente intelectual premórbido; la actitud del paciente (ansiedad, depresión). Y es que en ocasiones, un paciente puede no ser capaz de completar las pruebas estandarizadas debido a su escasa destreza en el manejo de miembros superiores, por mala visión, por dificultades en la comprensión verbal, por escasa capacidad atencional, etc.

Jung en 1976 asoció lo luminoso con el conocimiento y lo bueno, mientras que la oscuridad y las tinieblas estarían relacionadas con la ignorancia y lo malo. Nada más lejos de la realidad y sobre todo de la realidad cognitiva. Sin embargo hemos de considerar la gran importancia de la percepción visual en el aprendizaje y ejecución de tareas, (es difícil encontrar una alternativa no visual para test de tareas visuoconstructivas), teniendo en ocasiones que estimar los rendimientos en habilidades espaciales y constructivas, a traves de la observación de las capacidades del sujeto en la realización de actividades de la vida diaria.

Así pues, muchas personas que requieren de una evaluación neuropsicológica, tienen reducida su visión y sus problemas visuales pueden interferir en la ejecución de los tests. Sobre los 45 años, un alto porcentaje de la población necesita el uso de gafas para realizar sus actividades. Otros problemas visuales que conllevan el desajuste de la musculatura ocular dan como resultado visión doble (diplopía). Esta alteración puede aparecer después de un traumatismo craneoencefálico, ictus u otras lesiones cerebrales o puede ser sintomática de enfermedades degenerativas del SNC, dificultando el estudio neuropsicológico. Las diversas manifestaciones del trastorno visual hace que los pacientes puedan presentar diplopía en todos las direcciones o en áreas concretas del campo visual, originando incomodidad o confusión en distintas posiciones de la mirada, con la consecuente alteración en los rendimientos en tareas cognitivas. En otros casos, la diplopía puede comprometer las habilidades para la lectura, escritura, dibujo, solución de puzzles, etc. La existencia de problemas de agudeza visual, campimétricos, orientación visual, atención visual, rastreo, figura-fondo, etc., dificultan el estudio cognitivo. El trastorno visual puede provocar además intensos déficits en las acividades de la vida diaria, simulando a veces trastornos cognitivos graves.

En pacientes con problemas visuales, el examinador puede solicitar la consulta de neurólogos y oftalmólogos, para determinar si el paciente puede ser examinado con tests que requieren precisión visual o debe adaptarse la evaluación a las características especiales del sujeto.

Así, una vez detectados los déficits visuales, deben utilizarse pruebas en las que predomine en su forma de aplicación la vía auditiva, material con amplio componente linguístico. No son recomendables tareas de lápiz y papel.

Los problemas auditivos por su parte, suponen un handicap para muchas personas, por lo que suelen ocultarse. En ocasiones puede observarse cómo el paciente mueve hacia un lado su cabeza para escuhar mejor al explorardor, presentando múltiples errores en las respuestas y comentarios. Otras veces solicitan constantemente que se les repita la orden. Los pacientes que acuden a evaluación neuropsicológica en general suelen tener mayores problemas de audición que la población general. Junto con los déficts cognitivos el deterioro auditivo puede aparecer como resultado de una lesión cerebral. Los déficits auditivos aumentan con la edad, de tal forma que muchos pacientes con alteraciones neurológicas asociadas a la edad también pueden tener comprometida su capacidad auditiva. En el déficit auditivo congénito será de gran utilidad el recurrir a la colaboración de profesionales, intérpretes que conozcan el lenguaje de signos, la lectura labial, y la interpretación y emisión de gestos. En estos casos hemos de considerar que el profesional competente hará de "intermediario" en el más amplio sentido de la palabra, pudiendo interpretar de forma poco adecuada la respuesta del paciente e incluso la pregunta realizada por el explorador.

En la clínica diaria, se suele utilizar como test auditivo el rasgar un papel, el chasquido de los dedos o las uñas cerca de los oidos. En el paciente que no percibe estos estímulos, su déficit sensorial puede interferir seriamente con el examen cognitivo (Schear, Skenes y Larson, 1988). Ante la duda se solicitará el estudio audiométrico.

Una vez comprobados los déficits auditivos, el estudio del estado mental deberá tener en cuenta lo siguiente:

1- Nivel educacional, características demográficas y clínico-patológicas del sujeto

2- Conocimiento de la situación premórbida del sujeto en cuanto a sus rendimientos cognitivos generales y linguísticos especialmente (familiares, historia), para poder valorar la situación de función conservada/alterada (C/A).

3- En algunos trastornos auditivos, puede ser de utilidad recurrir a un especialista en el lenguaje de signos.

4- En la exploración predominará la forma de aplicación escrita y/o gestual

5- La exploración estará basada fundamentalmente en tareas de lápiz y papel y en la forma de aplicación visual.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que muchos lesionados cerebrales con lesiones lateralizadas pueden presentar una redución de la visión o audición en el lugar opuesto a la lesión, con pequeña conciencia de déficit. Esto es particularmente cierto en pacientes que tienen problemas campimétricos, -periféricos o centrales- o en los casos en que el VIII par dañado ha reducido la capacidad auditiva o la función discriminativa en un sólo lado. Su conducta conversacional normal puede ocultar el deficit y la presentación del material en el lado no afectado puede dar lugar a confusiones en la interpretación de resultados.

Ante pacientes con este tipo de lesiones lateralizadas, el examinador debe asegurarse de que la presentación del material se realiza en el lado perceptivamente adecuado. Los pacientes con lesiones hemisféricas derechas, en particular, pueden tener reducida su capacidad atencional hacia el lado izquierdo del espacio, de tal forma que el material utilizado en la evaluación cognitiva, debe ser presentado en el lado derecho. Así todo, tendremos que tener en cuenta en estos pacientes la interferencia en los rendimientos de la totalidad de la afectación hemisférica derecha. El uso ordenado y sistemático en la presentación de los estímulos será importante a la hora de establecer las conclusiones del estudio.

Los déficits propioceptivos somatosensoriales deben ser igualmente evaluados. En el caso de deterioro de las capacidades táctiles, el paciente y la familia deben ser informados e intentar concienciar al paciente para las actividades de la vida diaria (conducir, manejo de tóxicos, etc). Antes de tocar nada, el sujeto debe aprender que antes de utilizar el tacto, debe visualizar bien los objetos, utilizar el olor, etc.

El déficit motor, generalmente no supone tanto obstáculo en la evaluación estandarizada, como ocurre con los déficits sensitivos, aunque algunas capacidades como las constructivas, la escritura, etc., deben ser examinadas preferentemente cuando el paciente pueda utilizar su mano dominante. Muchos lesionados cerebrales con lesiones lateralizadas pueden utilizar solamente una mano y puede ser su mano no dominate. La ejecución con una mano en tareas constructivas o de dibujo tiende a ser más baja, especialmente cuando se utiliza la mano no dominante. Sin embargo, en un estudio realizado con sujetos neurológicamente sanos, usando la mano no dominante en tareas de dibujo, no cometían más errores que cuando se utiliza la mano dominante, aunque los errores de distorsión con la mano izquierda son mayores que cuando se utiliza la mano derecha (Dee y Fontenot, 1969). Otros estudios han encontrado que sujetos diestros tienden a ejecutar las tareas visuomotoras con más precisión con la mano izquierda que con la derecha, presumiblemente porque están más atentos y cautos cuando utilizan la mano no dominante (Kim et al., 1984).

En pacientes con alteraciones del movimiento -centrales o periféricas- no se pueden evaluar las tareas que requieren de movimientos coordinados finos y más cuando la mano está paralizada o espástica. En ocasiones se recurre a la mano no dominante, pudiendo aparecer lentitud. Algunos servicios de rehabilitación tienen instrumentos válidos, pero no de forma universal. Los déficits periféricos, deben ser tenidos en cuenta desde las primeras fases de la evaluación para que no sean un factor contaminante de los resultados.

En la evaluación de la integración sensoriomotora, hay que tener en cuenta el control postural, los reflejos, el feed-back visual, el sistema vestibular y propioceptivo y la situación del control y la programación motora. La ejecución de habilidades básicas requiere de una integración de funciones perceptivas, cognitivas, sensoriales y motoras. Ante déficits motores no deben usarse tests que requieran una comparación lateral de los rendimientos.

 

LA EVALUACION NEUROPSICOLOGICA EN DEFICITS SENSITIVO / MOTOR

Existen a nuestro alcance muchos instrumentos de evaluación neuropsicológica, que podríamos resumir en tres grandes grupos: 1- instrumentos de "rastreo cognitivo"; 2- baterías neuropsicológicas generales y 3- tests específicos de función. En muy pocas ocasiones estos instrumentos ofrecen baremos, puntuaciones, adaptadas a casos especiales.

Así los instrumentos de "rastreo cognitivo", tests breves de fácil aplicación y que requieren de un tiempo limitado (de cinco a diez minutos) para su pasación, son capaces de discriminar entre situación normal y patológica y suelen estar compuestos de pruebas que requieren para su pasación de la integridad sensitiva (fundamentalmente) y motora (aunque en menor medida). El sujeto a su vez debe resolver las tareas presentadas utilizando respuestas verbales. Así se tantea la situación cognitiva general del paciente a base de preguntas y respuestas. Se completan estos estudios breves con algún apartado en el que el sujeto tras una orden verbal, debe realizar tareas de lápiz y papel para responder (dibujar algo, escribir una frase).

Como se puede derivar fácilmente de este comentario, nos encontramos ya desde este nivel del estudio cognitivo, con un problema de aplicación de las pruebas en sujetos con déficits sensitivos -fundamentalmente auditivos-, y/o aquellos con déficit de manipulación y utilización de instrumentos, etc.

Sería conveniente la elaboración de instrumentos de evaluación del estado mental adaptados al déficit auditivo: Mini Examen Mental en Déficit Auditivo (MEMDA), adaptado al déficit visual: Mini Examen Mental en Déficit Visual (MEMDV) o adaptado al déficit motor (parálisis, discinesia, temblor, etc.) en miembro superior dominante: Mini Examen Mental en Déficit Motor (MEMDM), para conseguir una adecuada valoración cognitiva en estos sujetos. Nosotros estamos trabajando en la elaboración de estas escalas de valoración cognitiva para poblaciones especiales, encontrándonos en la fase de recogida de datos.

En el caso de las Baterias neuropsicológicas generales, extensas, que necesitan de varias horas para su correcta pasación y que en condiciones generales de normalidad perceptivo-motora, informan sobre la situación cognitiva del paciente en profundidad, analizando pormenorizadamente los subcomponentes de cada función cognitiva, se convierten en el caso de pacientes con graves déficits sensitivo-motor, en "instrumentos de tortura" tanto para el sujeto como para el explorador. Su utilidad en estos casos, es muy baja y sólo aquellos subtest o apartados de las mismas que utilicen como vía fundamental de estímulo-respuesta la indemne en el sujeto, podrán ser utilizadas para intentar evaluar la función cognitiva general. El evaluador en estos casos deberá seleccionar cuidadosamente la forma de aplicación, excluyendo aquellos apartados que se vean especialmente interferidos por la deficiencia previa que el sujeto posee. Además en la mayoría de las pruebas, no contará con la posibilidad de comparar los resultados con grupos de referencia.

Así las baterías neuropsicológicas de manejo más frecuente: Luria's Neuropsychological Investigation (Christensen, 1975); Bateria Halstead-Reitan (Reitan, y Davison, 1974); The Mental Status Examination in Neurology (Strub, y Black, 1977); The Luria-Nebraska Neuropsychological Batterry (Golden, Hammeke y Purisch, 1980); Test Barcelona (Peña, 1990); Bateria Luria-DNI (Manga y Ramos, 1991); Bateria Neuropsicológica Computarizada Sevilla (León-Carrión, 1995), no contemplan el aspecto de "forma de aplicación especial", que nos ocupa.

Por su parte los tests específicos, especialmente elaborados para el estudio de determinadas funciones cognitivas: lenguaje, memoria, praxias, gnosias, etc., permiten una aproximación al estudio cognitivo de los sujetos con déficit sensitivo y/o motor. Es a través de ellos y seleccionando los más adecuados -por su forma de aplicación y modalidad de respuesta por parte del sujeto- como podremos abordar la funcionalidad cognitiva general del sujeto.

En general al comenzar el estudio neuropsicológico en pacientes con déficit sensorial o motor, se comenzará al igual que en otros sujetos intentando conocer la situación cognitiva general o de base a través de la aplicación de pruebas de rastreo cognitivo -adaptadas al déficit- y dependiendo de los resultados obtenidos en ellas, de la finalidad de la evaluación, de las quejas del paciente y sus familiares, de la existencia de datos clínicos médicos o de neuroimagen, se decidirá el camino a seguir. En algunos casos será suficiente este rastreo y controles evolutivos posteriores para controlar la situación cognitiva del paciente. En otros casos se requerirá el estudio a través de la aplicación de tests específicos de función, pertinentes, adecuados al déficit, en cuanto a su forma de aplicación y que permitan abordar las funciones cognitivas complejas.

Volviendo a insistir en la necesidad de intentar llegar, en los pacientes con déficit sensitivo-motor, a las funciones ejecutivas a través de aquellas que se modulan a un nivel más básico y que requerirían a su vez de un "alimentador sensitivo-motor" adecuado, consideramos que esto es posible, aunque no sencillo. Por ejemplo en sujetos ciegos no puede evaluarse directamente la capacidad de organización perceptiva, en sujetos con intenso déficit auditivo no puede evaluarse directamente por vía auditiva la discriminación de sonidos simples, en pacientes con severa parálisis facial no puede evaluarse la fluencia verbal adecuadamente y sin embargo en estos pacientes puede evaluarse la memoria y el aprendizaje, la aritmética, el vocabulario, el razonamiento abstracto, la comprensión, las relaciones espaciales y otras habilidades verbales.

A nuestro entender, lo más adecuado en pacientes con déficits sensitivo y /o motor sería la aplicación de tests ordinarios, que siendo pertinentes para el paciente en cuanto a la forma de aplicación se refiere, pudieran evaluar funciones generales. Algunos tests de funciones verbales por ejemplo, que no contemplan capacidades visuales, aplicados oralmente, sirven para evaluar aritmética, vocabulario y razonamiento abstracto en sujetos con déficits visuales y tienen normas comparables con los tests habituales. En las tablas 1 y 2, presentamos algunos tests de utilidad en la valoración neuropsicológica de funciones generales en sujetos con déficits auditivo y visual respectivamente.

Tabla 1: Déficit auditivo

Inteligencia premórbida:

- Datos de la Historia

- Antecedentes personales

- Años de educación

- Subtest de aritmética del WAIS (Weschsler, 1981)

Capacidad de conceptualización-abstracción-análisis:

- Wisconsin Card Sorting Test (Berg, 1948; Nelson, 1976)

- Subtest de categoría (Bateria Halstead-Reitan).

(Reitan y Wolfson, 1993).

- Ordenación de dibujos del WAIS (Weschsler, 1981)

- Emparejamiento objeto-categoría (a través de dibujos)

Lenguaje:

- Apartados del Test Boston para el diagnóstico de la afasia y trastornos relacionados (vía de aplicación visual) (Goodglass y Kaplan, 1986).

- Tests de Vocabulario de Boston (Kaplan, et al, 1986)

- Tareas de lápiz y papel

Habilidades motoras:

- Finger-tapping Test (Halstead-Reitan)

(Reitan y Wolfson, 1993)

- Pegboard Test (Matthews y Klove, 1964)

  • Atención y orientación:

    - Stroop Test (Stroop, 1935)

    - Trail-Making (Army Individual Test Baterry, 1944)

    - Cancelación de letras (Diller, et al, 1974)

    - Test computarizado de atención progresiva (Loong, 1988).

    - Cancelación de dígitos (Wade, 1988).

    Capacidad espacial-constructiva:

    - Diseño de bloques

    - Test de Matrices Progresivas Raven (Raven, 1960)

    - Ensamblaje de figuras

    - Figura compleja de Rey. Copia. (Rey, 1987).

    Memoria:

    - Diseño de figuras de memoria

    - Figura compleja de Rey. Memoria. (Rey, 1987).

    - Subtest clave de números del WAIS (Weschsler, 1981)

    - Aprendizaje de palabras escritas

    - Test de retención visual de Benton (Benton, 1988)

    - Test de ejecución de memoria táctil/ localización de líneas (Bateria Halstead-Reitan). (Reitan y Wolfson, 1993)

  •  

    Tabla 2: Déficit visual

    Inteligencia premórbida:

    - Datos de la Historia

    - Antecedentes personales

    - Años de educación

    - Vocabulario auditivo

    - Información

    Capacidad de conceptualización-abstracción-análisis:

    - Subtest de difencias del WAIS (Weschsler, 1981)

    - Subtest de similitudes del WAIS (Weschsler, 1981)

    - Interpretación de refranes

    - Emparejamiento objeto-categoría

    (vía auditiva)

    Lenguaje:

    - Apartados del Test Boston para el diagnóstico de la afasia y trastornos relacionados (vía de aplicación auditiva)

    (Goodglass y Kaplan, 1986).

    - Tests de Vocabulario oral

    - Información

  • Atención y orientación:

    - Reproducción de sonidos

    - Retención de dígitos (Weschsler, 1981)

    Capacidad espacial-constructiva:

    - Diseño de bloques

    - Test de ejecución táctil

    Memoria:

    - Memoria semántica

    - Test de Aprendizaje auditivo verbal (Rey, 1964).

    - Test de ejecución de memoria / localización de trazos (Batería Halstead-Reitan). (Reitan y Wolfson, 1993)

    Habilidades motoras:

    - Finger-tapping Test (Halstead-Reitan)

    (Reitan y Wolfson, 1993)

  •  

    Coincidiendo con otros autores (Wolff et al. 1989), consideramos que una alterantiva interesante sería elaborar test para grupos especiales y dotarlos de valores normativos.

    A pesar de lo expuesto anteriormente en ocasiones la deficiencia sensitiva y/o motora es tan intensa que la única opción es recurrir a la evaluación funcional, realizando un estudio pormenorizado, observacional, de diferentes tareas planteadas al sujeto analizando los componentes básicos, las etapas que toda tarea cognitiva requiere: orientación y planificación; inicio y secuenciación; resolución del problema y autocontrol del progreso; juicio sobre la ejecución.

    Otras veces es de utilidad en la valoración neuropsicológica, el recurrir a pruebas paralelas para sustituir tests que incluyan dibujos o modelos que no pueden ser utilizados en determinados pacientes. Sin olvidar que generalmente las formas alternativas de un test original, ya no miden lo que en principio se pretendía y el examinador tiene que ser consciente de ello. Así , por ejemplo, para evaluar la formación de conceptos en pacientes ciegos, se pueden utilizar, líneas, texturas, etc.; para el aprendizaje, se pueden utilizar instrumentos táctiles en lugar de utilizar un material visual. En sujetos que no pueden utilizar las manos, las habilidades constructivas se evalúan utilizando modelos (se les pinta y ellos dicen si corresponde o no al modelo presentado).

    En ocasiones, es útil la aplicación de los conocimientos informáticos y el manejo de ordenadores en la evaluación y rehabilitación cognitiva. Modernos programas de ordenador se aplican para la evaluación de trastornos del lenguaje, atención y orientación. Se aplican en este sentido programas de vocabulario, colores, formas, trayectorias, rutas -izquierda-derecha; arriba-abajo; laberintos; etc.- que permiten objetivar rendimientos en tareas de coordinación visuo-manual, orientación espacial; afianzar conceptos sobre colores y formas; planificar estrategias a seguir, esquema corporal; lectura; cálculo; escritura; capacidad analítica; percepción y análisis visual; secuenciación; categorizaciones; estructuración general del lenguaje; etc. También en hipoacusias severas existen programas adaptados para sordos, que incluyen evaluación del lenguaje, cálculo, programas especiales -reloj, geografía, ordenación de palabras, etc.-, que permiten evaluar mecanismos asociativos, secuenciación, autocrítica, etc.

    En paralíticos cerebrales, en sujetos con trastornos graves de la motricidad (síndromes cerebelosos, distrofia muscular, miopatías, etc.), y en sujetos con movimientos incontrolados, al no poder manejar los instrumentos necesarios para la lecto-escritura (lápiz, goma, papel, etc.), el teclado del ordenador o el uso de la palanca de control que sustituye al teclado con cuatro movimientos para el control del cursor -joystick-, pueden ayudar en la evaluación de funciones cognitivas a través de programas.

     

    CONCLUSIONES:

    1- Tras estas consideraciones, es fácil admitir que la evaluación neuropsicológica en pacientes con deficits sensitivos y/o motores, presenta entre otros el problema de no poder acceder al estudio y obtener respuestas adecuadas de las funciones cognitivas del sujeto, a través de todas las modalidades posibles.

    2- Es necesario conseguir un buen grado de colaboración por parte del paciente y un mantenimiento atencional adecuado. En ocasiones esto es difícil por la simple dificultad que tienen para entender el motivo de nuestras intervenciones, basadas en su mayoría en tareas presentadas fuera de contexto.

    Tengamos en cuenta también, la fácil tendencia a la fatigabilidad que dificulta la pasación de un test completo o una batería.

    3- El evaluador ha de tener presente la imposibilidad de aplicar determinadas pruebas en pacientes con déficits específicos, evitando la sobrecarga que supone la aplicación de pruebas no pertinentes.

    4- Los déficits periféricos, tanto sensitivos como motores, deben ser tenidos en cuenta desde las primeras fases de la evaluación para que no sean un factor contaminante de los resultados.

    5- Los tests dan poca información a no ser que estén adaptados al tipo de déficit y estandarizados para grupos especiales.

    6- Generalmente las formas alternativas de un test original, que se obtienen al recurrir a pruebas paralelas para sustituir tests estandarizados para otras poblaciones, ya no miden lo que en principio se pretendía y el examinador tiene que ser consciente de ello.

    7- La valoración neuropsicológica en pacientes con déficits sensitivo y/o motor debe orientarse hacia el intento de llegar a las funciones ejecutivas a través de aquellas funciones elementales (lenguaje, memoria, construcción, gnosia, etc.) que requerirían, en condiciones normales de desarrollo, de un constante "alimentador sensitivo-motor". En los pacientes que nos ocupan, al no mantenerse este sistema de aferencias y eferencias, las funciones ejecutivas se alimentan a través de procesamientos cognitivos diversos, basados -al igual que en el sujeto normal- en sus funciones elementales, pero existiendo en estos casos una prevalencia de algunos de los sistemas de "alimentación sensitivo-motora" sobre otros.

    8- En la conclusión anterior, en el enfoque de "sistemas prevalentes", debe basarse la investigación neuropsicológica a la hora de elaborar instrumentos de evaluación cognitiva para pacientes con déficits sensitivo/motor.

    9- Es necesario trabajar en el camino de la creación de test específicos, para poblaciones especiales.

     

    REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

    - Army Individual Test Battery. Manual of Directions and Scoring. Washington: D.C. War Department, Adjuntant Genral's Office; 1944.

    - Baser CA, Ruff RM. Construct validity of the San Diego Neuropsychological Test Battery. Arch Clin Neuropsychol 1987; 2: 13-32.

    - Beery KE, Buktenica NA. Developmental test of visual-motor integration. Cleveland, OH: Modern Curriculum Press; 1967.

    - Benton AL. Test de Retención Visual. Madrid: TEA; 1988.

    - Berg EA. A simple objective technique for measuring flexibility in thinking. J Gen Psychol 1948; 39, 15-22.

    - BryanVL. Management of Residual Physical Deficits. En Ashley MJ, Krych DK., eds. Traumatic Brain Injury Rehabilitation. New York: CRC Press; 1995. p. 319-66.

    - Christensen AL. Luria's Neuropsychological Investigation. New York: Spectrum; 1975.

    - Diller L, Ben-Yishay Y, Gerstman LJ, Goodkin R, Gordon W, Weinberg J. Studies of cognition and rehabilitation in hemiplegia. Rehabilitation Monograph No 50. New York: New York University Medical Center; 1974.

    - Folstein MF Folstein SE, McHungh PR. A practical method for grading the cognitive state of patients for the Clinician. J Psychiatr Res 1975; 12: 189-98.

    - Golden CJ, Hammeke TA, Purisch AD. Manual for the Luria-Nebraska Neuropsychological Baterry. Los Angeles: Western Psychological Services; 1980.

    - Golden CJ, Hammeke TA, Purisch AD. The Luria-Nebraska Neuropsychological Batterry. Los Angeles: Wester Psychological Services; 1980.

    - Goodglass H, Kaplan E. La evaluación de la afasia y trastornos relacionados. Madrid: Médica Panamericana; 1986.

    - Kaplan E, Fein D, Morris R, Delis D. WAIS-RNI as a neuropsychological instrument. San Antonio, TX: The Psychological Corporation; 1991.

    - Kaplan E, Goodglass H, Weintraub S. Test de Vocavulario de Boston. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 1986.

    - Kim Y, Morrow L, Passafiume D, Boller F. Visuoperceptual and visuomotor abilities and locus of lesion. Neuropsychologia 1984; 22: 177-185.

    - León-Carrión J. Bateria Neuropsicológica Computarizada Sevilla. Madrid: TEA; 1995.

    - Lezak M. Neuropsychologycal Assessment. (Third edition). New York: Academic Press; 1995.

    - Loong GM. Test computarizado de atención progresiva. Wang Lab. San Luis Obispo; 1988.

    - Matthews CG, Klove H. Instruction manual for the Adult Neuropsychology Test Battery. Madison, WI: University of Wisconsin Medical School; 1964.

    - Nelson HE. A modified card sorting task sensitive to frontal lobe defects. Cortex 1976; 12: 313-324.

    - Peña J. Programa Integrado de Exploración Neuropsicológica. Test Barcelona. Barcelona: Masson; 1990.

    - Raven JC. Guide to the standard progressive matrices. London: HK Lewis; 1960.

    - Reitan RM, Davison LA. Clinical Neuropsychology: Current Status and Aplication. New York: Wiley; 1974.

    - Reitan RM, Wolfson D. The Halstead-Reitan Neuropsychology Battery: Theory and Clinical Interpretation. Tucson, AZ: Neuropsychology Press; 1993.

    - Reitan RM, Wolfson, D. The Halstead-Reitan Neuropsychology Battery: Theory and Clinical Interpretation. Tucson, AZ: Neuropsychology Press; 1993.

    - Rey A. L'examen clinique en Psychologia. Paris: Pressee Universitaires de France; 1964.

    - Rey A. Test de Copia de la Figura Compleja. Madrid: TEA; 1987

    - Russell EW, Neuringer C, Goldstein G. Assessment of brain damage: A neuropsychological key approach. New York: Wiley; 1970.

    - Schear JM, Skenes LL, Larson VD. Effects of simulated hearing loss on Speech Sounds Perception. J Clin Exp Neuropsychol 1988; 10: 597-602.

    - Stroop JR. Studies of interference in serial verbal reaction. J Exp Psychol 1935; 18, 643-662.

    - Stubbins J. Social and psychological aspects of disability. Baltimore: University Park Press; 1977.

    - Swiercinsky DP. Manual for the adult neuropsychological evaluation. Sringfield, IL: Charles Thomas; 1978.

    - Wade, DT, Wood VA, Langton Hewer R. Recovery of cognitive function soon after stroke: A study of visual neglect, attention span and verbal recall. J Neurol Neurosurg Psychiatr 1988; 51, 10-13.

    - Weschsler D. The Weschler Adult Intelligence Scale-revised. New York: Psychological Corporation; 1981.

    - Whiting S, Lincoln NB, Bhavnani G, Cockburn J. The Rivermead Perceptual Assessment Battery (RPAB). Bateria de evaluación perceptiva de Rivermead: NFER-NELSON, Windsor; 1985.

    - Wolff Ab, Radecke DD, Kammerer BL, Gardner JK. Adaptation of the Stroop Color and Eord Test for use with deaf adults. Clin Neuropsychologist 1989; 3: 369-74

    - Wright BA. Psysical disability -A psychological approach. New York: Harper & Row; 1960.

     


    Para enviar comentarios sobre esta conferencia pulse en este enlace - FORO DE OTROS TEMAS NEUROLOGICOS - .Si se le solicita un nombre de usuario y una clave de entrada, introduzca las mismas que usa para entrar en el congreso. Para enviar comentarios directamente a los autores utilice la dirección de E-Mail de correspondencia si se indica al inicio de esta conferencia.


    PAGINA PRINCIPAL  |  CURSOS DE FORMACION |  POSTERS ELECTRONICOS
     
    CONFERENCIAS INVITADAS  |  COMUNICACIONES  |  CHARLA INTERACTIVA